Había una vez… un guitarrero

Por Franco Ricoveri

-Había una vez un gran “guitarrero” que se llamaba Carlos Di Fulvio: uno de los mejores de todos los tiempos. Y eso que estoy hablando en una tierra de grandísimos guitarristas, pero éste era distinto.

Perdón: es distinto, porque no sólo todavía lo tenemos entre nosotros, sino que sigue estudiando, componiendo, escribiendo como siempre… o mejor. Podría decirse que fue un “niño prodigio” y alcanzó fama rápidamente. Lo triste, y algo que se repite siempre en esta bendita tierra, es que hoy un poco se lo ha olvidado. Ustedes lo han escuchado desde chicos: él nos cantó la historia del santo cura Brochero. Lo dio a conocer cuando casi nadie sabía su nombre y le puso música a su vida. ¿Se acuerdan? “Ponchito marrón, cigarrito’e chala…”.

- Lo conocí cuando yo era chico y le escuché unos versos que decían: “Tengo una deuda contigo, guitarra quisiera, poderla pagar, me has enseñado el camino, me has aliviado el andar, fuiste mi dulce nodriza, la pausa en mi prisa por querer llegar”. Figuraban en una colección de canciones que se hacían anualmente con el título de Argentinísima. La tenía mi abuela “China”, la tatarabuela de ustedes.

- Desde entonces fue mi amigo, aunque la dicha de conocerlo y tratarlo vino mucho después. Lo cierto es que esos versos fueron una “deuda” que fue creciendo: con su música y versos, desde ya, pero también con “la música” y “la poesía” en general, porque son mundos que “alivian nuestro andar”. En otra canción más conocida, lo dice así “Guitarrero, con tu cantar, me vas llenando de luz el alma”. No lo conocía personalmente, pero como lo escuchaba horas, nos fuimos haciendo amigos.

- Por de pronto, les voy a decir algo profundo, pero de manera que se entienda: el verdadero artista, transmite belleza. La belleza es hermana de “la verdad” y de “el bien”. De modo que “ir llenándose de luz el alma” es de las cosas más valiosas que se pueden hacer. Es mucho más que un pulgar arriba… Los frutos de la buena música (del buen arte en general) son infinitos, porque están emparentados con ese Infinito.

- ¿Y los de la “mala” música? Porque muchas veces te oímos protestar y decir: ¡sacá esa porquería!

-Esos frutos son peligrosísimos, pero no infinitos. Se tienen que cuidar mucho de escuchar “porquerías”, porque lo que entra por el oído llega al corazón y, de allí directamente a la cabeza. Escuchar cosas buenas nos engrandece. Muchas veces los cantantes son famosos, pero no siempre cumplen con ese “servicio”. Y crean que Don Carlos Di Fulvio lo ha cumplido con creces. Sobre todo, por su música, por su poesía. Es un enamorado de nuestra tierra y su gente y eso lo llevó a estudiarlas y escribir sus historias. Ahí en mi biblioteca, por darles un ejemplo, tengo varias biografías del Cura Brochero, pero lo primero que conocí y, les aseguro que sigue siendo su mejor retrato, está en su canto. Hace un tiempito nomás escribió sobre nuestro querido Manuel Belgrano. Le dedicó otra obra bellísima, profunda, necesaria... Debía haberse estrenado en el Teatro Colón. Por su calidad, por sus verdades. Pero por nuestra terrible y acostumbrada ingratitud, apenas se le concedió un pequeño, ¡aunque magnífico!, estreno... En fin, la obra de este gran guitarrero es inmensa: el otro día oíamos dos de sus canciones más famosas: “¿Se acuerda Doña Maclovia?” y “Campo afuera”. ¡Un genio total!, como dicen ustedes.

- No abuelo, eso ya fue…

- Bueno… En fin, nadie pintó sus paisajes cordobeses como él. Y cuando lo conocí personalmente hace unos años, le descubrí un secreto. Está casado con una gran mujer: “Teresita”, con ella comparte sus méritos. En los matrimonios las glorias se comparten. Como las penas.
- Me van a prometer que van a intentar al menos, aprender a tocar la guitarra. Hace un tiempo, no se podía imaginar una reunión de amigos sin una guitarra. Y desde ya que eso calaba hondo en los corazones. Si éramos más sanos, también era porque éramos una tierra de cantores, lo era porque la guitarra, fiel compañera, iluminaba nuestras vidas. ¡Pregúntenselo a Don Martín Fierro, padre de todos los guitarreros de la Patria! Yo “tengo una deuda” con Don Carlos Di Fulvio, y si ustedes aprenden a oírlo, un poquito al menos la habré saldado. Si no, ¡se lo pierden! Porque como él nos dijo: “Quien no conoce tu mundo, guitarra no sabe, que mundos perdió…”

- ¡Claro abuelo! ¿nos prestás tu guitarra?

- Ni loco, jajaja… Cuando crezcan y toquen bien, desde ya. Por ahora, confórmense con esa más viejita.



https://www.laprensa.com.ar/Habia-una-vez-un-guitarrero-548390.note.aspx

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